sábado, 11 de septiembre de 2010

XI ESTACIÓN: Las miserias del hombre...

Hoy se cumplen 9 años de la masacre que conmocionó al mundo. Hace casi una década, RADICALES islámicos atacaban el World Trade Center y el Pentágono, secuentrando y estrellando sendos aviones contra ellos. Aquella mañana de verano, miles de personas perdieron la vida a manos de un puñado de fanáticos, y otras tantas adquirieron de por vida toda clase de secuelas físicas y psíquicas que, aún hoy, les amargan la existencia. ¿Qué puede justificar tamaña mezquindad?

La especie humana ha sido capaz de transformar el mundo por sí sola, y de engendrar las más valiosas creaciones. Pero el potencial destructivo del ser humano es, por desgracia, tanto o más significativo que su capacidad creadora. Y cuando nuestra mente da rienda suelta a toda su crueldad e insidia, los hombres nos convertimos en autores de las más aberrantes acciones. Sólo hace falta un detonante, un catalizador que haga reaccionar la cadena de factores que nos pueden llevar a actuar de ese modo. Y las ideas fundamentalistas y fanáticas de determinados extremismos religiosos pueden realizar esta función de forma espléndidamente efectiva.

El 11-S nos demuestra que, arraigando en la mente de las personas ideales violentos, se obtienen asesinos despiadados que no sienten aprecio ni siquiera por su propia vida, máquinas de matar programadas con sartas de argumentos irracionales y sectarios, llenos de odio. En mi humilde opinión, los últimos responsables de todas y cada una de esas muertes inocentes no son los pobres desgraciados a los que durante años les lavaron el cerebro para que acabaran inmolándose, sino sus adoctrinadores; esos que dicen hablar en nombre de su dios, y se dedican a estigmatizar y herir de muerte a su propia religión con sus crímenes.

Hoy, también, se plantea la construcción de una mezquita cerca de la denominada "Zona Cero". Existen partidarios y detractores de la medida, y ambas posiciones son absolutamente respetables, pero conviene no ser injustos. El Islam tiene, como todas las confesiones existentes, sus luces y sus sombras, pero no eso no es óbice para que se le achaque la conducta de los terroristas suicidas. Lo que realmente ocurre es que muchos de sus fieles se dejan embaucar por ideas radicales, que no tienen otro trasfondo que la propia ambición personal de quienes las difunden.

El argumento más poderoso que debería existir, aquél que debería gozar de más crédito en éste mundo demencial en el que vivimos, por encima de dogmas religiosos y postulados doctrinales, es el de la PAZ. Si todos los habitantes de éste planeta naciésemos convencidos de la inutilidad de la violencia como medio para lograr objetivos, e informados de que son los medios los que legitiman el fin, seríamos invulnerables a la alienación mental y nadie podría utilizarnos como instrumentos para hacer el mal. Pero, por desgracia, el hombre es imperfecto y, especialmente cuando se encuentra en una situación difícil, muy fácil de manipular por otros de su misma especie.

LA VIOLENCIA SOLO ENGENDRA VIOLENCIA.

SILVIO RODRÍGUEZ;
"El sueño de una noche de verano"
Canciones Urgentes, 1991



CARPE DIEM,
Soldemercedes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario