Ya no se que más hacer. Lo único capaz de hacerme feliz eres tú, y no te tengo a mi lado. No me preguntes por qué, ni cómo, ni de qué manera. Nadie mas que yo ha intentado remover cielos y tierra para hallar las respuestas a esas preguntas. Supongo que las flechas de cupido existen, y yo tengo un arsenal entero de ellas clavado en el corazón, todas impregnadas de ti; de tu voz, de tu andar, de tu ser, de tu mirar, de ti. Mis fuerzas y mi ánimo, como las baterías de los móviles, pierden vida útil cada vez que tengo que enchufarlos a la corriente para evitar desfallecer. No puedo más, una vez más el amor me ha ganado la batalla, y ahora eres mi desvelo, mi sueño frustrado, mi ilusión desvanecida, mi desierto interior, el hostil invierno de mi juventud.
Te quiero. Te quiero, y mi alma acaba exhausta después de fingir cada día que no siente lo que siente. Porque no puedo mostrarlo, no puedo decírtelo, no puedes saberlo. Fíjate hasta que punto habrás plantado bandera dentro de mi que, cada mañana al despertar, tu nombre es lo primero que recuerdo, y al irme a dormir las últimas palabras que pronuncio. Puedes hacerte una idea de lo que significas para mi con sólo decirte que, sin que seas realmente parte de mi vida, cada vez temo más perderte. Porque las mañanas para mi ya no tienen sentido sin tus buenos días, porque mirar para mi ya no tiene sentido si no es para encontrar tu mirada risueña en cualquier rincón.
Son pequeñas cosas, pequeños detalles, que lejos de no tener valor lo son todo. Sin alguna de esas pequeñas piezas el puzzle ya no estaría completo, ninguna es prescindible, todas aportan algo; son esas pequeñas cosas las que, al fin y al cabo, construyen día a día los motivos que la vida te da para ser feliz en ella y seguir adelante. Pero cuando el viento deja de soplar a tu favor y te sientes a la deriva en un inmenso océano de incertidumbres, esos momentos entrañables se convierten en flechas envenenadas que traspasan tu cuerpo sin piedad, que hieren a matar, y cuyas heridas no dejan de doler. Y eso es lo que me ocurre a día de hoy. El tiempo corre en nuestra contra, yo no estoy seguro de lo que quiero intentar contigo como tampoco lo estoy de si realmente serviría de algo; y entretanto, mi vida se escurre por el desagüe, los mejores años de mi juventud inexorablemente se marchan del bar sin pagar, sin servir para nada ni dejar ningún beneficio. Lo que siento por tí, lejos de hacerme feliz y cargarme de ilusión, está poniendo más trabas en mi camino, me está llevando a desperdiciar mi vida, me está destrozando por dentro y se está llevando como el viento de un tornado todo lo que tanto me costó alcanzar.
Sin cambiar de actitud hacia ti, sin que sospeches siquiera todo lo que has despertado en mí, hoy he decidido de forma definitiva decir adiós a tus ataduras y emprender de nuevo el vuelo hacia donde los vientos del destino me lleven. Te quiero, pero hoy ya no puedo hacer otra cosa que decirte gracias, y hasta siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario