
Quizás sólo yo mismo sea el único conocedor de las razones que me llevan a publicar esta entrada de hoy. Sé, compañeros internautas, que quizás éste sea uno de los post más difusos y hetéreos, para quien no me conozca personalmente, de cuantos he ido colgando hasta ahora en ésta pagina. No por nada, sino fundamentalmente por el hecho de que todo su argumento está encerrado en dos canciones, dos grandes canciones de las que marcaron profundamente mi vida en el pasado año 2009, música a través de la cual quiero transmitir un profundo mensaje sin escribir una sola letra; y esque a pesar de que no me cansaré de defender el hecho de que la palabra es el don más valioso que poseemos los seres humanos, hay momentos en los que hasta las mismas palabras sobran. A no ser, claro, que acompañadas del milagro de la música sean capaces de expresar con una fidelidad pasmosa tus sentimientos en una determinada etapa de la vida. Y como yo no soy precisamente un virtuoso de la composición musical, ni muchísimo menos un taumaturgo, en éste frío atardecer de Invierno dejaré que sean dos jóvenes y al mismo tiempo geniales artistas quienes pongan al ocaso del día la banda sonora que merece.
Porque la música es el ungüento más eficaz para aliviar esas heridas que aún escuecen en un rincón del alma.
CARPE DIEM,
Soldemercedes.
Soldemercedes.
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