
OCHO, y no doce, deberían ser las uvas con las que ésta noche diese yo la bienvenida al año 2010; y esque precisamente han sido ocho las razones por las que, para bien o para mal, éste que hoy se marcha va a ser para mí un año difícil de olvidar. La coyuntura actual no es muy propicia para celebraciones, pero aun en tiempos de crisis aqui estamos, un año más, tirando la casa por la ventana (dentro de las posibilidades de cada uno) para disfrutar intensamente de una de las noches más importantes del año.
Y hablando de números, ¿alguna vez la curiosidad os ha llevado a preguntaros de dónde viene la tradición de comer doce uvas en Nochevieja? Seguro que alguno de vosotros, lectores expectantes ante la llegada de la medianoche, en algún momento habréis querido saber por qué anualmente (y de forma un tanto robótica puesto que ni siquiera sabemos el por qué) repetimos ineludiblemente el mismo ritual: tomar (o intentarlo, siempre que no nos atragantemos en el intento) una uva por cada una de las doce campanadas que da el reloj cuando marca la medianoche del ya día 1 de enero.
Personalmente, yo nunca he dejado de preguntármelo: ¿por qué uvas?; ¿por qué doce?; ¿de qué época data ésta singular tradición de nuestro país? No sé a vosotros pero a mi lo cierto esque me cuesta asumir como una especie de dogma incuestionable una costumbre que ni siquiera sé de donde viene, o en qué se fundamenta. Quizás sea el inconveniente (o la ventaja, según se mire) de ser de letras, de huir del pragmatismo y el metodismo de la ciencia para ser menos prosaicos y más reflexivos, quien sabe... Lo cierto es que han ido pasando los años y una de las más arraigadas fiestas de nuestra cultura ha continuado siendo para mí un verdadero misterio... asi ha venido siendo, hasta éste año.
Hace unos días, repasando algunos de los curiosos artículos que a diario nos ofrece la versión española del conocido portal de entretenimiento Yahoo!, me topé con ésta breve reseña acerca del origen de la tradición de las doce uvas de la suerte que, al parecer y según apunta éste texto, cuenta nada menos que con dos posibles explicaciones, si bien la más extendida y aceptada de ellas es la primera:

Extraído de Yahoo.es
Miércoles 30/12/09;
http://es.especiales.yahoo.com/navidad/feature.php?page=1&feature_id=12
"Todos los años la misma historia. La misma imagen. Cuando se acercan las doce de la noche del 31 de diciembre, la familia al completo se agolpa alrededor de la televisión, expectante, nerviosa, armada con 12 uvas y dispuesta, este año sí, a comérselas todas. Pero, ¿por qué se toman uvas el día de Nochevieja al son de las campanadas de medianoche? ¿Por qué 12? Toda tradición tiene una explicación y ésta, en concreto, al menos cuenta con dos.
La más extendida asegura que el hecho de tomar uvas el día de Nochevieja se remonta a 1909, año en el que los agricultores españoles se encontraron con un excedente de cosecha considerable. Para darle salida decidieron propagar la leyenda de que comer este fruto daba buena suerte y, desde entonces, todo aquel que quiera entrar en el próximo año con buen pie debe cumplir con el ritual.
La otra historia data de finales del siglo XIX. Un grupo de ciudadanos, molestos por la decisión del alcalde de Madrid, José Abascal, de cobrar a todos aquellos que quisiesen salir a recibir a los Reyes Magos provocó que el pueblo se quedase sin la callejera fiesta y buscase una alternativa. La encontraron el día de Nochevieja, congregándose en la Puerta del Sol para comer uvas con la intención, dicen, de ridiculizar a los nobles que en tan señalada noche del año ingerían uvas y bebían champán amansalva. La pataleta de un grupo de madrileños cuajó y poco a poco se fue extendiendo por toda la geografía española. Esta histórica narración explicaría también el porqué las campanadas se retransmiten desde Madrid (aunque en los últimos años algunas cadenas de televisión han optado por otros lugares).
En cuanto a la razón por la que se come una docena de uvas y no más o menos, tampoco hay consenso. Unos dicen que simbolizanlos meses del año y otros, más prosaicos, que es una por cada campanada, sin más. El caso es que cada 31 de diciembre la estampa se repite, aunque en los últimos años la tradición ha perdido parte de su malvado encanto. Las uvas ya no son lo que eran. Peladas y sin pepitas es mucho más sencillo cumplir con el ritual. Eso sí, que nadie se olvide de pedir un deseo por cada una y, por favor, no confundáis los cuartos con las campanadas.
¿Cuál de las explicaciones te parece más seria? ¿Has escuchado alguna vez otra?".
Si la primera historia, en efecto, es cierta, hay que ver lo manejables que somos. Al fin y al cabo es posible que no vayan tan desencaminados los que sostienen aquello de que "la Navidad la ha inventado el Corte Inglés", porque a la vista está que una de nuestros más arraigados rituales navideños es fruto de poco menos que una estrategia puramente comercial.
Pero en definitiva, con escasez o excedentes de uvas en el mercado, ésta noche cuando las agujas del reloj marquen las doce en punto volveremos a asumir el reto de entrar en un nuevo año sin una de ellas atorada en la garganta. Por si acaso, como bien dice el artículo: "peladas y sin pepitas es mucho más facil cumplir con el ritual". Ojalá todos los buenos (y a veces surrealistas) propósitos que hacemos cada vez que un nuevo año llama a nuestra puerta también se vendiesen en lata, listos para consumir y fáciles de alcanzar; y esque luego casi siempre, a la hora de la verdad, no tenemos paciencia ni para pelarlos.
En cualquier caso, FELIZ Y PRÓSPERO AÑO 2010 A TODOS.
CARPE DIEM,
Soldemercedes.
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