Rompe el mar cada instante de mi locura. Rompe el mar cada esperanza a la que recurro. Rompe el mar cada impulso de vida. Rompe el mar cada corriente de cordura. Rompe el mar el conformismo, las ataduras, la vida solitaria, la autosuficiencia. Rompe el mar los quehaceres, la rutina, los ciclos de la vida, cada plan o cada idea preconcebida. Rompe el mar las resistencias que propicia el desengaño. Rompe el mar las advertencias, los “no sigas por ahi”, los destellos fulgurantes de las bengalas de auxilio. Rompe el mar los SOS, los gritos de ayuda en medio de la nada, empujando hacia el naufragio. Rompe el mar las murallas, las barreras, las lindes de la razon. Y esque ella es el feroz golpe de mar que parece querer hundir mi nave. Cada vez que embiste, me descentra. Cada vez que se hace presente, me intimida. Y sin embargo cada vez que me olvida, me lastima. Maldita suerte sadica y despiadada, como te gusta ver sufrir a la gente. No me hundes bajo las aguas pero tampoco me llevas a puerto. Adoras ver en mis ojos el miedo, la incertidumbre, suerte cruel. Te encanta ver como me derrito cada vez que llega hasta mis oidos el suave y dulce eco de sus palabras, te fascina contemplar como me desmonto por completo cada vez que me enfrento a su mirada, te enloquece saber que no puedo dar un paso sin que algo me recuerde a ella, te enamora conocer como me desvelo cavilando planes para demostrarle que me importa. Y a pesar de todo, suerte insensible y caprichosa, no puedo declararte la guerra ya que ni siquiera tengo fuerzas para ganarte esta batalla.
CARPE DIEM,
Soldemercedes.

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