Buscar las llaves en el fondo del mar cuando sabemos que sólo en la canción están allí, es un despropósito. Encontrar las fuerzas y la esperanza tan solo en envidias, anhelos y críticas, es un desproposito. Perder el tiempo en rodeos inútiles cuando existe un camino recto, es un despropósito. Sufrir queriendo, y sufrir por querer es un despropósito. Poner todo lo que somos y lo que esperamos ser en manos de la esperanza y del tiempo, es un despropósito. Dejar que las horas vuelen vacías y luego nos saluden desde el esparate de una tienda cerrada que jamás volverá a abrir sus puertas, sin nada que contar, es un despropósito. Convertir la vida en una feria permanente, o instalarse, hipotecado hasta las cejas, en el cementerio de las ilusiones rotas y la pesadumbre, es un despropósito. Fugarse del purgatorio para terminar en el infierno, es un despropósito.
¿Y qué o quién es capaz de indicarme el camino idóneo, el sendero recto y sin rodeos que debo seguir para llegar a tiempo a mi vida, de una vez por todas? ¿Cuál es el propósito? ¿Qué es lo razonable? Todo lo que haces es una locura, estás bajo los efectos de algo más poderoso que tu, de sentimientos que son mucho mas fuertes que la razón, en pleno radio de acción de las malintencionadas ondas de la depresión y la melancolía, que llegan hasta tu receptor en forma de lágrimas, frustraciones, nervios implacables, y fuerzas vencidas.
Derrota. Lo antagónico de la victoria, del éxito. Quizás, lo único capaz de frenarnos.
CARPE DIEM,
Soldemercedes.

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