jueves, 24 de diciembre de 2009

I ESTACIÓN: Evocación


UN nuevo dia Amanece. Las sombras se alejan, la luz se va abriendo camino timidamente entre las tinieblas, una nueva mañana reta a un pulso a la madrugada y vuelve a poder más. El rocío acaricia levemente el cristal de mi ventana, ahora entreabierta, por la que se cuela la gélida y cortante brisa mañanera de la antesala del invierno. Los pájaros, madrugadores de lunes a domingo sin festivos ni vacaciones, esos cuyo canto no entiende de rutinas ni de calendarios, vuelven a convertir en pura música la partitura que Dios compuso cuando creo el amanecer sevillano. Y no es la única banda sonora que lo enmarca, o al menos hoy...

Son las 7 de la mañana y las soñolientas notas de un piano se deslizan hasta mis oidos a través de aire espeso y frío del alba. Las manos del intérprete no pulsan las teclas, las acarician como si de los suaves cabellos de su amada se tratasen, como el que abraza a la chica de sus sueños, con firmeza pero con un cariño imposible de medir, de clasificar, o sencillamente de describir con palabras. El milagro se produce, los sentidos acordes que brotan cual manantial de agua pura de ese piano son capaces de llegar hasta los rincones más ocultos de tu alma, consiguen colarse en las áreas más restringidas de tus sentimientos, y las lágrimas, como gotas de rocío, vuelven a condensarse en tus ojos y a rodar por tus mejillas con la misma suavidad con la que los sones de La Valse d'Amélie salen de forma casi prodigiosa de las manos del pianista.

Cuántos recuerdos son capaces de resurgir de pronto de lo más profundo del pozo de la memoria, con tan solo oir a lo lejos el suave susurro de la musica que te da los buenos dias mas dulces que puedan darse. Cada nota, cada desgarrado agudo, cada contundente grave, todos dentro de la suavidad y la mesura que la interpretación de una pieza como esa requiere, se convierte en tu interior en un vale canjeable por una lágrima.



La Valse d'Amélie (evocación).

Soledad, pasos perdidos, pensamientos efimeros que terminan perdiéndose en el mar de las ideas, como el humo de un cigarrillo se desvanece en el aire. Cavilaciones, desvelos, ojeras, cansancio, incertidumbre, dudas, anhelos, sueños frustrados, desaires, temores disimulados con poses ridículas que no te engañan ni a ti mismo, espejos que multiplican tu imagen por 30, miradas que se cruzan y, en tan solo un instante, encienden la llama del fuego más vivo y duradero que pueda existir. Amaneceres cargados de sueños, que se desperezan a la sombra de los impenetrables muros de cientos de callejones sin salida en los que nos vemos atrapados a lo largo de la vida; y lo hacen dispuestos a teñir cada minuto y segundo de este dia, de verde esperanza.


CARPE DIEM,

Soldemercedes.

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