¡Que el niño que llevas dentro vuelva a nacer cada día en algún rinconcito de tu corazón, y que el Señor siempre guie tus pasos con la misma claridad y eficacia con la que llevó a los Magos hasta Belén a través de la Estrella de Oriente; que la luz que irradia la gran estrella de la ESPERANZA nunca se apague en tu corazón!Feliz Navidad.
EL HIJO DE DIOS PADRE
"La Luz en el Candil, cuentos de Adviento y Navidad"
Ed. Dilema, Madrid 2002.
"La Luz en el Candil, cuentos de Adviento y Navidad"
Ed. Dilema, Madrid 2002.
"Cuando la Nochebuena envolvió con su manto lentamente la Tierra, todo era un profundo silencio. Parecía como si el mundo hubiera detenido la respiración. Mas en los cielos, los ángeles miraban hacia las más sublimes esferas, allá donde se encontraba el Trono de Dios Padre rodeado de los Querubines y los Serafines.
De repente sucedió anhelado durante tanto tiempo: se hizo visible el Trono de Dios Padre a las jerarquías, al abrirse éste círculo. Del solio se separa el Ser más excelso, tan luciente y puro, tan claro y sereno que ningún lenguaje, ni aun el celeste, lo puede describir. De forma benévola miraba hacia la ronda de los ángeles, que lo contemplaban adorándolo.
Posteriormente Él cede el paso a Dios Padre que con su sacra y seria mirada penetraba las esferas de los seres celestes. Frente a Él se abrió un sendero de luz que llegó hasta la tierra, donde los ángeles ahora podían distinguir un humilde establo, en el cual una mujer y un hombre estaban sentados al lado de un pesebre junto a un buey y un burrito. El hombre estaba somnoliento; en cambio la mujer, al dirigir su mirada hacia el cielo, descubrió esa vía luminosa y levantó sus brazos esperando algo. Entonces, en ese momento, el Ser Luminoso, el Hijo de Dios, que se había separado del Trono del Padre, emprendió su camino y comenzó a descender lentamente hacia la Tierra, aclamado y acompañado por el canto de los coros angelicales.
Mientras pasaba de una esfera celeste a la otra, se transformaba constantemente: primero en un Serafín, después en un Querubín para desprenderse, como de un ropaje, poco a poco, de las formas gloriosas de los seres celestes. Pasó por el círculo de los arcángeles; después por la ronda de los ángeles para también trascenderla. El sencillo establo empezó a relucir cuando el Ser Luminoso se acercó a María, y como imagen luminosa se inclinó hacia ella. Su luz se reflejó en los ojitos del pequeño niño, que era cargado por María, su madre. Nuevamente vibraban los cielos por los cánticos de los ángeles y la tierra resonaba por la glorificación de los seres celestes: “Hoy ha nacido el Salvador, Cristo, el Señor”.
Desde esa noche jamás se ha vuelto a cerrar el círculo de los Querubines y los Serafines. Cada año, esa vía luminosa, nuevamente, se forma desde el Trono de Dios Padre hasta la Tierra, para que este Excelso Ser transite por ella, y así nacer entre los hombres. Y también para sembrar su luz dentro de sus corazones, y relucir a través de sus ojos, al igual que antaño ha lucido desde los ojos del Niño Jesús".
¿Por qué solo en Navidad caemos en la cuenta de que la SOLEDAD es una pandemia de la que demasiada gente está infectada? ¿Por qué solo en Navidad nos percatamos de lo injusto de las injusticias? Ojalá estuviera el hombre todo el año en "Navidad"...
CARPE DIEM,
Soldemercedes.
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