Presiento que va a llover pronto.
Que va a llover como nunca; de manera
incontenible, desaforada. Sé que tronará, granizará, diluviará
durante días. Se verá cortado el suministro eléctrico y habrá
múltiples e invaluables daños materiales. Las calles se volverán
intransitables. Se inundarán los campos, echándose a perder las
cosechas. Se cancelarán los eventos sociales y deportivos. Se
desbordarán todos los cauces y los embalses, rebosantes, tendrán
que abrir sus compuertas.
Piedras y árboles se precipitarán
sobre las carreteras desde las laderas de los montes. Se ahogarán
las pertenencias, los recuerdos, los proyectos. Las clases serán
suspendidas, cerrarán los comercios y los servicios de emergencias
trabajarán a destajo. Se acumularán residuos y desechos, que harán
de los charcos estanques fecales. Cederán los tejados y cornisas por
la brutal erosión del agua y del viento. Cubrirá el barro los
caminos y el mobiliario, que acusarán por siempre su desgaste. Se
empaparán las personas y las cosas. Se constiparán los cuerpos y
las almas.
La lluvia que auguro, en fin, causará
incontables estragos. Será pertinaz e inclemente. Arrasará con
todo, y pondrá a la civilización en jaque. Sin embargo, tarde o
temprano, cesará el temporal. Se disiparán las nubes y volverá a
alzarse el Sol, majestuoso, sobre el cielo raso. Porque la tempestad siempre es pasajera; no se
alterna con la calma sino la interrumpe.
La bonanza regresa indefectiblemente al
hogar de los justos. El bien siempre triunfa.
AMARAL (versionando tema original de Bob Dylan);
"Llegará la tormenta".
Año 2008.
CARPE DIEM,
Soldemercedes.

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