miércoles, 30 de octubre de 2013

XIX ESTACIÓN: La lluvia que se avecina.

  
  Presiento que va a llover pronto.
  
  Que va a llover como nunca; de manera incontenible, desaforada. Sé que tronará, granizará, diluviará durante días. Se verá cortado el suministro eléctrico y habrá múltiples e invaluables daños materiales. Las calles se volverán intransitables. Se inundarán los campos, echándose a perder las cosechas. Se cancelarán los eventos sociales y deportivos. Se desbordarán todos los cauces y los embalses, rebosantes, tendrán que abrir sus compuertas.

   Piedras y árboles se precipitarán sobre las carreteras desde las laderas de los montes. Se ahogarán las pertenencias, los recuerdos, los proyectos. Las clases serán suspendidas, cerrarán los comercios y los servicios de emergencias trabajarán a destajo. Se acumularán residuos y desechos, que harán de los charcos estanques fecales. Cederán los tejados y cornisas por la brutal erosión del agua y del viento. Cubrirá el barro los caminos y el mobiliario, que acusarán por siempre su desgaste. Se empaparán las personas y las cosas. Se constiparán los cuerpos y las almas. 

   La lluvia que auguro, en fin, causará incontables estragos. Será pertinaz e inclemente. Arrasará con todo, y pondrá a la civilización en jaque. Sin embargo, tarde o temprano, cesará el temporal. Se disiparán las nubes y volverá a alzarse el Sol, majestuoso, sobre el cielo raso. Porque la tempestad siempre es pasajera; no se alterna con la calma sino la interrumpe. 

   La bonanza regresa indefectiblemente al hogar de los justos. El bien siempre triunfa. 



AMARAL (versionando tema original de Bob Dylan);
"Llegará la tormenta".
Año 2008.

CARPE DIEM,
Soldemercedes.

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